Y llego
otro fin de año, y con él, las espectativas no se hacen esperar. Me
he tomado algun tiempo para repensar y de paso comparar mi
experiencia como una esposa en un pais extranjero, especialmente para
soporte de quienes todavia estan pensando en dar el paso, pienso que
tambien se aplica a esposos, quizas en distintos niveles por nuestras
diferencias obvias, pero al final todo se resume mas o menos en tres
palabras "Nostalgia del terruño cronica".
Hace unas
semanas hablaba con mi madre, sobre una tremenda dificultad que he
tenido para encontrar harina de maiz y poder hacer tortillas, que con
los dos años y poco que llevo aqui, me he tenido que contentar con
los nachos que venden en el cine, pues es lo más cerca que he estado
de una tortilla de maiz. Mi madre como siempre aprovecho la ocasión
y su memoria de elefante para recordarme que cuando era adolescente
gritaba a voz en cuello que le estaba orando a Dios de casarme con un
hombre que no comiera tortillas por que no pensaba pasarme la vida
haciendo tortillas como si fuera un regimiento. Y aqui estoy con mi
deseo cumplido, y mueriendome del antojo.
Pues
como pueden ver hay que tener cuidado con lo que uno le pide a Dios
por que no es lo mismo verla venir que platicar con ella dice mi
sacrosanta madre.
La
verdad sea dicho, todo aquel que decide irse a vivir a otro pais, o
es muy valiente, o simplemente no sabe lo que le espera. Pero por
otro lado, casarse en ese otro lugar y quedarse a vivir allí es solo
para los extremamente valientes, o muy enamorados como es mi caso.
Tampoco puedo decir que todo es malo, personalmente creo que lo que
falta siempre se enfatiza más por causa de la bendita nostalgia,
pero puedo percibir tambien las cosas maravillosas que he ganado
aqui, un nuevo idioma, una nueva y maravillosa familia (incluyendo un
suegro hecho en el cielo) un marido que ni en mis mejores sueños (Sé
que parece cliché pero es verdad).
Pero en visperas de algunas fechas
especiales, la cosa se pone color de hormiga para mi, ya un sambito
(para los que no son de Honduras disese de una botana de platano
verde) una cuajada, un par de tamales, cinco baleadas y como dos
bolsas de semitas, las tortillas de maiz saliditas del comal, y otras
delicias que ya no puedo ni mencionar sin que la lagrima ruede, se
vuelven casi celestiales. Yo creo que es por eso que la gente usa
estas fechas para regresar a su tierra, por que es cuando la cosa
aprieta y hay que tomar un vuelo, o morir en el intento. Y para los
que no pueden viajar ni de milagro como su servidora, no le queda de
otra que intentar lo imposible, partirse los riñone por la ciudad
buscando ingredientes exoticos (Disese de los que se usan normalmente
en otros paises) para intentar a veces de forma lastimera, reproducir
aunque sea en parte las comidas que me ayuden a aplacar la nostalgia
del terruño cronica.
Y es
asi... como le pedi la receta de los tamales a mi madre, y de nuevo
ella aprovecho para decirme "Te acordas cuando te decia... Mary,
veni a aprende como hacer tamales, que despues cuando estes lejos la
vas a necesitar!" Ayyyy las madres. Y ahora estoy con una receta
sin medidas, por que de paso, "Le echas un poquito de esto, un
poquito mas de esto otro, lo haces a tu gusto, solo fijate que vaya
quedando..." o sea que me salgan los tamales de mi madre esta en
mas o menos en chino, pero aqui estoy, tomando aire y coraje por que
me esta quedando claro que ahora soy media brasileña, asi que ante
la imposibilidad de hacer una visita a mi terruño, tendre que
comenzar a traer los olores y las comidas de mi terruño a mi nuevo
terruño, para que mis hijos, si es que llegan, puedan seguir las
tradiciones y las historias de la familia, a pesar de que seguro me
llamaran de "Mainha" al menos que aprendan a comer tamales.








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