El sol ha
salido pronto, estamos finalizando el verano y el clima cambia constantemente,
de repente llueve y de repente hace sol, o a veces no tiene ningún problema con
que estén los dos al mismo tiempo.
Asi que me
conformo con el olor a tierra, a selva mojada. Una de las cosas que me encantan
de esta ciudad antigua, es que aún en medio de la calle más transcurrida
encontramos un pedazo de selva, puede ser pequeño pero está allí, como diciendo “Esta tierra es mía, y aquí me
quedo” a veces cuando voy en el autobús me parece que toda esa vegetación
parece abrazarnos, darnos la bienvenida, mostrándonos la belleza que hemos
perdido por avaros y codiciosos.
Jean-Jacques Rousseau dijo una
vez “Hay un libro siempre abierto para todos los ojos; la naturaleza”. Al
comenzar este día pienso en lo que el mundo ha perdido, al dejar de lado el
respeto por la naturaleza, las ansias de poder nos ha dejado sin hogar, sin
imaginar que sería para nuestro propio dolor y destrucción.
No me quiero ir dejando una
nota pesimista, sino más bien, agradeciendo el poder estar en contacto con lo que
muchos creíamos perdidos, el fresco verde de la tierra sola.
Un abrazo


