martes, 21 de agosto de 2018

De ser mamá y otros milagros (Mis primeros tres meses en este tren)



Miracle
Terminando mi primer trimestre de embarazo, he llegado a varias reflexiones interesantes sobre esta experiencia en mi persona.

1. La maternidad es algo totalmente personal, es increíble, pero en todo este tiempo no me he encontrado con dos personas que tuvieron los mismos síntomas, dolores, achaques, o alegrías, o sea que aunque escuchar experiencias puede dar alguna luz, no hay forma de anticipar este camino, tendremos que ir paso a paso recorriéndolo y aprendiendo de nuestra experiencia que es única en el mundo.


2. La felicidad de la maternidad no te llega de golpe y porrazo,  por lo menos en mi caso, que he tenido nauseas constantes, vomito por doquier, y demás malestares, me encontraba con personas que con la mejor intención me preguntaban "¿Estas feliz?" consiguiendo como respuesta un "ya estuve más feliz en la vida" jajajajajaja decidí ser honesta y ver las caras que me ponen, imagino que se preguntaran que clase de madre seré, pues la verdad es que creo que quiero criar a mi hijo/hija enseñándole a ser honesto con lo que siente, y tengo que empezar por serlo yo. ¿Alguna vez me siento feliz de estar embarazada? Claro que por supuesto que si, pero la verdad es que cada día tiene sus pesares y alegrías, y creo que las que estamos recorriendo este camino necesitamos que las personas entiendan que a veces la pasamos realmente mal.




3. Las otras mamás mienten o no se acuerdan; ¿Que es lo peor que le puede pasar a una embarazada desde mi perspectiva? Tener a un montón de mujeres que ya pasaron por esto diciéndote “no es para tanto, nunca me dio, estas exagerando, yo conseguía tener mi casa impecable, trabaja afuera, y hacia malabares en mi tiempo libre, pobrecito tu hijo/marido/gato etc” ¿En serio? Una de las cosas maravillosas que vine a aprender a aquí, fue a no necesitar soportar tanta tontería junta, las mujeres ya soportamos demasiada presión, parece que tenemos que hacerlo todo perfecto, si no eres mala madre, mala esposa, mala cristiana etc, el otro día una de mis queridas hermanas de la iglesia me pregunto que si me estaba enfriando porque ya no me veía tan frecuente en los cultos de noche, a lo que yo sin cortarme nada le respondí “No hermana, sigo tan caliente como siempre, es que a esas horas a mi bebé le da por hacerme vomitar y prefiero dar el espectáculo en mi casa” en fin, mujeres necesitamos más palabras de consuelo o apoyo, o como decimos en psicología de cuidados paliativos, si no sabe que decir, o cree que va a meter la pata, entonces no diga nada, solo abrace.

4. Los esposos/compañeros/familiares/amigos son fundamentales; Una buena amiga me dijo una vez, Mary, si usted le tiene un hijo a su esposo él la va a amar más, yo me quedé pensando que con lo que mi esposo ya me ama y me demuestra, estaría difícil amarme más, la realidad es que yo he amado más a mi esposo en este proceso, al verlo tan preocupado y solicito, trabajando jornadas dobles, proyectando el futuro (cuando era del vamos a vivir hoy y mañana ya veremos) cocinando parte de su cena, porque yo no soporto el olor de lo que quiere comer, soportando mi humor, desconsuelo, o rabia. parecen cosas sencillas, pero son sacrificios como casi todo en esta vida, he aprendido a apreciar el amor de mis amigos cercanos, personas que se me han llevado al hospital, que se han voluntariado a acompañarme a hacer exámenes y visitas, que andan pensando en que pueden traerme para que coma, la verdad es que he podido sentir de cerca tanto amor, tanto cuidado, que sólo puedo darle gracias a Dios por su misericordia, y a mis amigos, esposo y familia por sus cuidados, realmente en estos momentos vale más que oro.

En fin, a este tren ya me subí y vamos a ver a que otras aventuras nos lleva, que auguro, serán muchas, 


... Continuará

viernes, 20 de abril de 2018

El corolário de la tortilla





Cuando era adolescente y mi madre me mandaba a hacer las tortillas de maíz o de harina de la cena, siempre me quejaba, y le decía a voz en cuello que cuando me casara me aseguraría de casarme con un hombre al que no le gustaran las tortillas de maíz ni de ningún tipo, pues odiaba hacerlas.

Quien me conoce sabe que suelo cumplir con la mayoría de mis objetivos, y ese l cumplí lindamente, me he casado con un brasileño que no come tortillas, vivo en un país donde encuentro harina de maíz casi en todas sus formas menos en la que necesitaría para hacer tortillas.

Todo esto sería perfecto si siguiera aferrada a mi decisión adolescente, pero no contaba con lo fuerte que jalan las raíces, con la nostalgia de la comida de mi infancia, con el consuelo infinito que siente mi alma cuando pruebo algo que me devuelve en un instante a la tierra que amo.

Así que aquí estaba yo, imaginando mi vida en Brasil sin comer tortillas, y las otras delicias de las que me acordaba, muchas que nunca había hecho en cuanto vivía en Honduras, pero que en mi deseo estaba dispuesta hasta a buscarme la receta y ponerme manos a la obra, sin importar el sacrificio incluido en mis próximas aventuras culinarias.

Mi hermana me trajo desde Argentina de regalo de navidad, un molino, así es un molino de manivela, de los que había en la casa de mi abuela cuando yo era niña, casi lloré de la emoción, y de chascada un comal esmaltado, porque molino sin comal nada hacíamos, me enseño una receta para hacer mantequilla baja en grasa, y nos pasamos dos meses dándole buen uso a la memoria culinaria heredada de nuestra madre que a gritos nos hacía ir a la cocina “Para que aprendan, porque después van a estar muriéndose de las ganas de comer esto, y no van a encontrar quien les haga”.

¡Qué razón tenía!

He hecho varias moliendas, congelo las tortillas hechas, y las guardo como un tesoro, mis amigas brasileñas me ven con cara de espanto cuando les digo que cocino el maíz en agua alcalina para poder hacer la masa, (Agua con cal) y me preguntan cómo puedo comerme esas “tortilhas” tan extrañas, yo me hecho a reír y recuerdo a mi sabia madre gritando desde nuestra cocina “Ya te voy a ver, muerta del antojo al otro lado del mundo, y no voy a estar yo para hacerte las tortillas, veni aprende”,