viernes, 20 de abril de 2018

El corolário de la tortilla





Cuando era adolescente y mi madre me mandaba a hacer las tortillas de maíz o de harina de la cena, siempre me quejaba, y le decía a voz en cuello que cuando me casara me aseguraría de casarme con un hombre al que no le gustaran las tortillas de maíz ni de ningún tipo, pues odiaba hacerlas.

Quien me conoce sabe que suelo cumplir con la mayoría de mis objetivos, y ese l cumplí lindamente, me he casado con un brasileño que no come tortillas, vivo en un país donde encuentro harina de maíz casi en todas sus formas menos en la que necesitaría para hacer tortillas.

Todo esto sería perfecto si siguiera aferrada a mi decisión adolescente, pero no contaba con lo fuerte que jalan las raíces, con la nostalgia de la comida de mi infancia, con el consuelo infinito que siente mi alma cuando pruebo algo que me devuelve en un instante a la tierra que amo.

Así que aquí estaba yo, imaginando mi vida en Brasil sin comer tortillas, y las otras delicias de las que me acordaba, muchas que nunca había hecho en cuanto vivía en Honduras, pero que en mi deseo estaba dispuesta hasta a buscarme la receta y ponerme manos a la obra, sin importar el sacrificio incluido en mis próximas aventuras culinarias.

Mi hermana me trajo desde Argentina de regalo de navidad, un molino, así es un molino de manivela, de los que había en la casa de mi abuela cuando yo era niña, casi lloré de la emoción, y de chascada un comal esmaltado, porque molino sin comal nada hacíamos, me enseño una receta para hacer mantequilla baja en grasa, y nos pasamos dos meses dándole buen uso a la memoria culinaria heredada de nuestra madre que a gritos nos hacía ir a la cocina “Para que aprendan, porque después van a estar muriéndose de las ganas de comer esto, y no van a encontrar quien les haga”.

¡Qué razón tenía!

He hecho varias moliendas, congelo las tortillas hechas, y las guardo como un tesoro, mis amigas brasileñas me ven con cara de espanto cuando les digo que cocino el maíz en agua alcalina para poder hacer la masa, (Agua con cal) y me preguntan cómo puedo comerme esas “tortilhas” tan extrañas, yo me hecho a reír y recuerdo a mi sabia madre gritando desde nuestra cocina “Ya te voy a ver, muerta del antojo al otro lado del mundo, y no voy a estar yo para hacerte las tortillas, veni aprende”,

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