Durante mi reciente viaje, muchas personas me
preguntaron por qué publicaba tantas cosas sobre gatos, que si comida, que si
cuidados, etc. Bien, quien me conoce de cerca y de hace mucho tiempo sabe que
siempre me han gustado los animales, de hecho, no recuerdo un tan solo momento
de mi infancia en que en mi casa no hubiera mínimo una mascota, por lo general teníamos
más de una, y entre ellas, nunca faltó un gato.
Resultó que me casé con un hombre al que nunca
le habían permitido tener animales cuando era niño, así que cuando nos
conocimos y le hablé por mi amor por los gatos, él no se mostró muy
entusiasmado, pero en los comienzos del amor todo es posible, así que cuando me
vine a vivir a Brasil, quiero creer que para alegrarme, adoptamos de un refugio
de animales a nuestra primera gata Luna, de eso
ya hace cuatro años, y mi esposo que no le hacía especial ilusión tener
mascotas en nuestra casa sufrió una transformación que le dura hasta estos
tiempos, como a los 20 días de tener a Luna, vio un gatito amarillo, llorando a
grito partido en una esquina cuando regresaba a casa, así que ni corto ni
perezoso, lo tomó y lo trajo a casa, así fue como llegó Mitsu a nuestras vidas.
Poco a poco fuimos aprendiendo a cuidarlos, a entender ese lenguaje tan
especial que tienen y especialmente a tenerles paciencia.
El resto es historia… Siempre había gatitos
abandonados y no nos podía el corazón para dejarlos allí. Conocimos el trabajo
que hacían los protectores en nuestra ciudad, y nos unimos a la causa, así fue
como nuestra casa se convirtió en una casa de acogida, básicamente lo que
hacemos es rescatar a gatitos bebes abandonados, o enfermos de la calle de
nuestro barrio, les proveemos cuidados hasta que se recuperan totalmente,
desparasitamos, vacunamos, los llevamos a la clínica de esterilización cuando
cumplen la edad para eso, y les buscamos un hogar permanente que quiera adoptarlos,
en ese espacio de tiempo desde que son rescatados hasta que son adoptados, les
damos todo el cariño posible, los educamos para interaccionar con humanos
normalmente, para que hagan sus necesidades donde corresponde y en lo demás
simplemente los dejamos ser lo que son, gatos perezosos.
Desde que rescatamos a los primeros, por
nuestra casa han pasado aproximadamente 45 gatos, y dos perros. No ha sido fácil,
y hemos tenido que aprender muchísimo sobre como proveerles un lugar adecuado y
seguro, pero ha valido la pena, cuando nos contactan los nuevos dueños y nos
cuentan las aventuras de ellos en su casa permanente, sabemos que los
sacrificios han valido la pena.
Supimos que la cosa era seria, una vez que
junto con mi esposo fuimos a un gran supermercado de aquí de Salvador a buscar
un regalo de cumpleaños para él, y después de una hora en el mercado lo que teníamos
en el carrito de compras era todas cosas para gatos, desde la última arena
sanitaria, hasta toda suerte de juguetes para ellos, en fin, en algún momento
nos miramos a los ojos y sobraron las palabras, solo una sonrisa.
Algunas personas dicen que nos hace falta tener
un hijo, que así se nos quitaría la gana de andar cuidando gatos, yo por mi
parte, prefiero pensar que si tenemos un hijo, le enseñaremos desde pequeño, compasión
y amor por los seres que Dios dejo a nuestro cuidado, de la misma manera en que
mi familia me lo inculcó a mí. Suelo bromear cuando me preguntan por qué no
tengo hijos todavía, y les contesto que en realidad sí que tengo, pero tienen
cuatro patas.
