martes, 25 de octubre de 2016

De vuelta a los orígenes


Ya estoy de vuelta a mi hogar, el cual dejé por cuatro meses, necesitando reencontrarme con la tierra negra de mi patria, y los sueños que dejé esperando mi regreso en el país que vio nacer.

Ha sido una experiencia y tanto, no solo por reencontrare con mi familia y amigos, sino porque de alguna manera me demostró algo que necesitaba saber con urgencia, que me ayudaría a asentarme definitivamente en este país que me adoptó desde el primer día, y que por alguna profunda esperanza, me negaba a aceptar como propio, pensando que no había llegado a buen puerto todavía.

Pero la realidad me hizo ver por fin lo que de alguna manera ya sabía, siempre estuve en casa, en realidad, mi hogar siempre fue aquí, desde que llegué, este hogar construido con tanto amor, se ha hecho un frondoso y nutritivo árbol, que se ha tornado la base del hogar que siempre desee, y que Dios en su infinita sabiduría me dio en el lugar menos pensado, lejos de todo aquello que llamaba mío y con lo que me identificaba plenamente.

El viaje de regreso al hogar de mi infancia fue lo que me hizo percibir de golpe y porrazo que aunque recibida y amada como siempre, la vida había continuaba, y ya no había espacio para mis sueños en ese lado del mundo, cosa que acepte con agradecimiento y paz. Agradecimiento por todo lo que se me había dado, no solo conocimiento, sino amor, paciencia, y esperanza, y paz porque entendí que no le debía nada a nadie, podía seguir mi vida, sin culpas, y con la voluntad de echar raíces donde Dios me había permitido llegar, entendí por primera vez que podía quemar mis barcos, y dedicarme a la construcción de una nueva realidad, tanta veces pospuesta por mis esperanzas de regresar a mi tierra amada.

Entendí que podía regresar cada vez que quisiera, que siempre habría algo de mí para recordar entre las montañas azules de mi amada Honduras, y los corazones de quienes amo, siempre estarán por allí para darme la bienvenida y despertar los recuerdos y las historias, para ponernos al tanto con la vida que se nos ha sido dada.

No pude ver a todos los que hubiera querido ver, pero me quedo con su amor a la distancia, sabiendo que a diferencia de las pasiones fugases de amantes fortuitos, este amor no cambia con la distancia, y se mantiene intacto a lo largo del tiempo, que es una refrescante alegría cuando nos volvemos a encontrar, les debo un gran agradecimiento al amor prodigado por tantos amigos, familiares, hermanos, y vecinos que me hicieron sentir bienvenida y abrazada, regresé a mi hogar en Brasil con el corazón lleno de recuerdos, besos y abrazos, palabras cálidas y promesas de volver a reencontrarnos alguna vez.


A todos, desde el fondo de mi corazón, Gracias.


Con amor, Maria de los Angeles

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