Nada
nos prepara para este momento, no importa cuánto sepas, y cuanto hubieras
leído, cuanto nos hubieran contado, esto es punto y aparte de todo.
Los
primeros días del resto de mi vida, donde la luz se rehace y a la vez otras se
apagan, donde hay vida y muerte, si, muerte, porque una parte de mí muere
irremediablemente para que otra que ni siquiera sabía que existía pueda vivir, en
algún momento me he dado cuenta, que algunas cosas que consideraba vitales para
mi existir en realidad eran aderezos, cosas de las que puedo prescindir y lo he
hecho por amor a este ser pequeñito que ha venido a torcer de nuevo mi destino
para tornarme la mejor versión de mi misma.
Estos
primeros días han sido caóticos, agotadores, inmensurables y contradictorios,
he redescubierto al marido ahora convertido en padre devoto, ha crecido mi admiración
por este hombre que se levanta de madrugada a cambiar los pañales del hijo, a
tenerlo en brazos para que pueda dormir en cuanto me regala preciosos minutos
de sueño para volver al ruedo de la lactancia.
He redescubierto nuestra
relación de pareja, después de muchos años de ser solamente nosotros dos, donde
podíamos disponer de tiempo para el romance, para la aventura, ahora hemos
encontrado en la ternura nuestro mejor aliado, en medio del caos de lo nuevo,
donde nos dormimos casi desmayados agarrados de la mano, haciéndonos cariño
para no perdernos en el abismo de la responsabilidad, para recordarnos que
seguimos siendo uno, un solo equipo, unido en amor para llenar la página en
blanco de nuestro bebé con dulces memorias, con un amor responsable que lo
ayude a volar alto y lejos, pero que le recuerde que siempre tendrá nido y
cobijo en nuestros brazos.
La
realidad es menos romántica de lo que la pintan, pero tampoco es una tragedia
griega, he sido afortunada y bendecida de muchas maneras, desde el privilegio
de poder trabajar desde casa para cuidar a mi niño, hasta el poder darle de
mamar de manera exclusiva, ciertamente son privilegios que no todas las mujeres
tienen o quieren tener, pero los veo como un regalo, y soy grata por tenerlos
en medio de la vorágine del tener más, ser más, ganar más.
Hay
mucho que contar, mucho que escribir, y en cuanto me encuentro en este
torbellino revitalizado, aprovecho la inspiración para comenzar nuevos capítulos,
rebosantes de historias a ser contadas, de aventuras a ser vividas, y de
lecciones a ser compartidas.
