Se nos llegó el día, ese por el que habíamos estado
luchando durante tanto tiempo, ese con el que habíamos estado soñando, y
esperando. Gracias Dios nuestro por tus bendiciones.
Es increíble
como una pequeña fiesta puede dejarte tan cansado, feliz es verdad, pero a
punto de caer desmayado por el cansancio, especialmente cuando has insistido en
supervisar cada detalle. En lo personal creo entender por qué solo debería
haber una boda en la vida, las fuerzas no dan para mucho más.
Nuestra
boda fue atípica, al ser extranjera, todos sabían que no sería
"tradicionalmente Brasileira" y es que comenzando con los colores, y
terminando con los juegos, no se parecía en nada a lo que hubieran visto antes,
y no lo digo por el lujo, porque de eso no hubo nada, sino más bien por qué no
hubo almohadilla de los anillos, tampoco una parejita de novios niños, ni
muchas cosas que se esperan que en todas las bodas tengan, en fin, de una cosa
estoy segura, todos nos divertimos mucho. Y es que al final, ese siempre fue mi
objetivo, que nuestro día fuera memorable, hermosamente sencillo, un
acontecimiento donde todos estuvieron involucrados de alguna forma, y que al
final, nuestros amigos y familiares recordaran como suyo.
Quiero
retomar esta ventana al mundo, para recordar que las luchas no siempre valen la
pena, pero las que valen, hay que lucharlas hasta la última gota, porque al
final, la recompensa está ahí, esperando por nosotros.

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