martes, 16 de diciembre de 2014

De tamales y otras nostalgias

Y llego otro fin de año, y con él, las espectativas no se hacen esperar. Me he tomado algun tiempo para repensar y de paso comparar mi experiencia como una esposa en un pais extranjero, especialmente para soporte de quienes todavia estan pensando en dar el paso, pienso que tambien se aplica a esposos, quizas en distintos niveles por nuestras diferencias obvias, pero al final todo se resume mas o menos en tres palabras "Nostalgia del terruño cronica".

 Hace unas semanas hablaba con mi madre, sobre una tremenda dificultad que he tenido para encontrar harina de maiz y poder hacer tortillas, que con los dos años y poco que llevo aqui, me he tenido que contentar con los nachos que venden en el cine, pues es lo más cerca que he estado de una tortilla de maiz. Mi madre como siempre aprovecho la ocasión y su memoria de elefante para recordarme que cuando era adolescente gritaba a voz en cuello que le estaba orando a Dios de casarme con un hombre que no comiera tortillas por que no pensaba pasarme la vida haciendo tortillas como si fuera un regimiento. Y aqui estoy con mi deseo cumplido, y mueriendome del antojo.

Pues como pueden ver hay que tener cuidado con lo que uno le pide a Dios por que no es lo mismo verla venir que platicar con ella dice mi sacrosanta madre.

La verdad sea dicho, todo aquel que decide irse a vivir a otro pais, o es muy valiente, o simplemente no sabe lo que le espera. Pero por otro lado, casarse en ese otro lugar y quedarse a vivir allí es solo para los extremamente valientes, o muy enamorados como es mi caso. Tampoco puedo decir que todo es malo, personalmente creo que lo que falta siempre se enfatiza más por causa de la bendita nostalgia, pero puedo percibir tambien las cosas maravillosas que he ganado aqui, un nuevo idioma, una nueva y maravillosa familia (incluyendo un suegro hecho en el cielo) un marido que ni en mis mejores sueños (Sé que parece cliché pero es verdad).

Pero en visperas de algunas fechas especiales, la cosa se pone color de hormiga para mi, ya un sambito (para los que no son de Honduras disese de una botana de platano verde) una cuajada, un par de tamales, cinco baleadas y como dos bolsas de semitas, las tortillas de maiz saliditas del comal, y otras delicias que ya no puedo ni mencionar sin que la lagrima ruede, se vuelven casi celestiales. Yo creo que es por eso que la gente usa estas fechas para regresar a su tierra, por que es cuando la cosa aprieta y hay que tomar un vuelo, o morir en el intento. Y para los que no pueden viajar ni de milagro como su servidora, no le queda de otra que intentar lo imposible, partirse los riñone por la ciudad buscando ingredientes exoticos (Disese de los que se usan normalmente en otros paises) para intentar a veces de forma lastimera, reproducir aunque sea en parte las comidas que me ayuden a aplacar la nostalgia del terruño cronica.


Y es asi... como le pedi la receta de los tamales a mi madre, y de nuevo ella aprovecho para decirme "Te acordas cuando te decia... Mary, veni a aprende como hacer tamales, que despues cuando estes lejos la vas a necesitar!" Ayyyy las madres. Y ahora estoy con una receta sin medidas, por que de paso, "Le echas un poquito de esto, un poquito mas de esto otro, lo haces a tu gusto, solo fijate que vaya quedando..." o sea que me salgan los tamales de mi madre esta en mas o menos en chino, pero aqui estoy, tomando aire y coraje por que me esta quedando claro que ahora soy media brasileña, asi que ante la imposibilidad de hacer una visita a mi terruño, tendre que comenzar a traer los olores y las comidas de mi terruño a mi nuevo terruño, para que mis hijos, si es que llegan, puedan seguir las tradiciones y las historias de la familia, a pesar de que seguro me llamaran de "Mainha" al menos que aprendan a comer tamales. 

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